En la comuna de Chiguayante hay vecinos que ya no hablan solo de un problema sanitario. Hablan de una prueba de paciencia que ya lleva siete años.
Todo comenzó después de un arreglo en el sistema sanitario. Desde entonces, lo que debía ser una mejora terminó convirtiéndose en un dolor de cabeza permanente para muchas familias. El olor a aguas servidas aparece con fuerza en distintos momentos del día, invadiendo calles, patios y viviendas.
Hay días en que el aire simplemente no se puede respirar. Vecinos cuentan que han debido usar mascarillas incluso dentro de sus propios barrios para soportar el hedor. Otros optan por cerrar puertas y ventanas, aunque el olor igual se filtra.
Pero en medio de la molestia y la indignación, el humor chileno también aparece como una forma de sobrellevar la situación.
Un vecino, con ironía y resignación, lanzó una frase que refleja el nivel del problema:
“Aquí ya no usamos desodorante… ¿para qué?, si el olor a caca es más fuerte”.
La frase provoca risa nerviosa, pero también revela una realidad que no debería ser normal para ninguna comunidad.
A esto se suma otro problema aún más grave: el rebalse de alcantarillados. En varias ocasiones, los vecinos denuncian que los líquidos de los desagües terminan saliendo hacia el exterior, escurriendo por calles o sectores cercanos a las viviendas.
Y el escenario no es exclusivo de Chiguayante.
En la comuna de Hualqui, particularmente en el sector de Rinconada Avda. El Águila, donde han surgido nuevas poblaciones en los últimos años, los habitantes también denuncian malos olores y problemas con el sistema de alcantarillado.
Para quienes viven allí, la sensación es la misma: abandono.
Porque cuando un problema sanitario se prolonga por siete años, ya no se puede hablar de una molestia temporal. Se transforma en una falla estructural que afecta la calidad de vida de cientos de familias.
Mientras tanto, la pregunta sigue dando vueltas entre pasajes, reuniones vecinales y conversaciones de barrio:
¿Dónde están las autoridades cuando comunidades completas llevan años respirando lo que nadie debería respirar?
Porque una ciudad no se mide solo por sus obras o discursos.
También se mide por el respeto a la dignidad básica de sus vecinos: poder abrir la ventana… y respirar aire limpio.












