Señor Director:
Me permito escribirle para expresar una preocupación que, sin duda, comparten muchos ciudadanos.
Hoy se percibe un quiebre evidente entre la ciudadanía y las autoridades. Y no debería ser así. Ambas partes tienen una responsabilidad común: sostener y construir país.
La ciudadanía cumple. Trabaja con esfuerzo, avanza pese a las dificultades y, aun así, mantiene la esperanza de que quienes son elegidos sabrán responder con compromiso, responsabilidad y sentido de bien común.
Sin embargo, con demasiada frecuencia, esa conexión se diluye una vez alcanzados los cargos. Se olvida el origen de esa representación, se pierde la cercanía y comienzan a aparecer la burocracia, la lentitud y la distancia.
Surge entonces una pregunta legítima: ¿por qué cuando se necesitan los votos existe presencia, cercanía e incluso generosidad, y luego todo parece volverse inaccesible?
Chile necesita coherencia. Necesita autoridades que no solo lleguen a sus cargos, sino que honren el mandato recibido. Que no se desconecten de la realidad de quienes confiaron en ellas.
Porque gobernar no es solo administrar; es, ante todo, representar.
Y eso no se puede olvidar.
Atentamente,
Marcela Figueroa M.












