Nuestro equipo viajó hasta la Región del Maule, rumbo a la encantadora localidad de Pelluhue, donde la brisa marina se mezcla con el aroma a marisco fresco y la calidez de su gente.
Fuimos en busca de gastronomía local y nos encontramos con un paisaje de postal: una costa maravillosa, aves negras del tamaño de un pavo —los majestuosos Pilpilenes— y las infaltables gaviotas revoloteando entre las olas, dando vida a una escena perfecta.
Los locales de mariscos afinan sus preparativos para la temporada alta, mientras la Municipalidad de Pelluhue, impecable y moderna, se levanta como símbolo del renacer. (Ojalá mi comuna copiara esa gestión ejemplar).
Sorprende pensar que este mismo lugar fue arrasado por el terremoto del 27/F del año 2010, quedando prácticamente destruido. Hoy, Pelluhue brilla con más fuerza que nunca.
Un sabor que reconforta
En el restaurante “El Regreso”, disfrutamos una atención de primera y un pescado que merecería aplausos. Entre risas y anécdotas, los lugareños nos contaron cómo se preparan para recibir a los turistas que llegan cada verano en busca de sol, mar y buena mesa.
Después del almuerzo, caminando por la orilla, conocimos a una hermosa curanipeña, quien nos compartió su testimonio sobre aquella noche trágica que cambió la historia de su caleta.
Testimonio de una “sirena curanipeña”
“Fue en el año 2010, yo era una niña, tendría unos ocho años. Poco recuerdo, pero sí sé que el epicentro fue en Cobquecura y la ola golpeó con fuerza las costas de Curanipe, Pelluhue y Constitución.
Esa noche mi padre viajaba desde Santiago y alcanzó a cruzar el puente justo antes de que el mar se desbordara. Si se hubiera demorado un poco más, el mar lo habría atrapado. Gracias a Dios no sucedió.
Al día siguiente, el alcalde de ese entonces, don Nelson Leal (Q.E.P.D.), gestionó albergues, reconstruyó caminos, el liceo de Pelluhue, trajo camiones de basura, centros de salud y talleres laborales. Hizo muchísimo por su comunidad.
Cuando el mar se retiró, las calles estaban destruidas, mucha gente perdió sus negocios y a sus seres queridos. Desde entonces, todos los días a las 12 suena la sirena de alerta de tsunami, que más que advertencia, hoy es un memorial vivo.
Con el tiempo, Curanipe se levantó. Llegaron recursos, se construyó la nueva plaza y la gente aprendió a estar preparada. Incluso este año hubo una alerta de tsunami en julio y todos supimos qué hacer. Eso es gracias a las enseñanzas y gestiones que quedaron de aquel tiempo.”
💙 Un pueblo que no se rinde
Su relato nos estremeció. Pelluhue no solo es mar y paisaje, es memoria, resiliencia y esperanza.
Cada piedra del malecón y cada casa reconstruida cuentan una historia de lucha y amor por la tierra.
Pullehue renació de entre las olas, y hoy se alza orgullosa como la joya costera del Maule, ejemplo de esfuerzo y unión comunitaria.













