A medida que el frío se empieza a sentir en la región del Biobío, las miradas se dirigen al cielo y a los informes meteorológicos en busca de respuestas sobre lo que nos espera este invierno. Tras un 2024 marcado por intensos temporales y sus devastadoras consecuencias, la incertidumbre sigue presente entre los habitantes.
La jefa del Observatorio Climático de la Universidad San Sebastián, Paula Santibáñez, señala que el fenómeno de El Niño se mantendrá en estado neutral hacia mayo, lo que puede traducirse en un invierno con precipitaciones dentro de rangos normales para la zona centro-sur del país. Sin embargo, esto no significa que estemos libres de sorpresas climáticas.
“En un escenario neutral, las precipitaciones pueden variar sin seguir un patrón definido”, advierte la especialista. Según los informes recientes, los meses de abril y mayo podrían presentar un déficit de lluvias, pero a partir de junio las precipitaciones se acercarían a niveles habituales.
La preocupación principal radica en la posibilidad de eventos extremos, como crecidas de ríos y remociones en masa, situaciones que dependen de varios factores locales, como la saturación de los suelos, la deforestación y la gestión de las cuencas hidrográficas. Además, el cambio climático ha intensificado la frecuencia y gravedad de estos eventos en los últimos años.
Si bien el pronóstico sugiere que este invierno en el Biobío no traerá lluvias extraordinarias, la posibilidad de fenómenos climáticos extremos sigue latente. Como comunidad, debemos estar preparados para afrontar cualquier escenario y aprender de los desafíos que nos ha dejado el pasado.












