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Cuando la ilegalidad se ilumina y la legalidad queda a oscuras

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Que increíble. Y no es una exageración ni una frase al pasar: es una realidad que golpea de frente a la dignidad de los vecinos de Hualqui y de muchas comunas del país. Mientras la toma de San Antonio aparece como una ocupación totalmente organizada, con viviendas levantadas en terrenos tomados, servicios básicos asegurados y hasta luminarias públicas en sus calles, en sectores consolidados y legales de Hualqui la oscuridad es literal… y también simbólica.

En avenida El Águila, una de las principales arterias de la comuna, los vecinos viven una situación que raya en lo indignante. No hay faroles, las noches son oscuras y peligrosas, no existen veredas adecuadas, y el acceso a servicios básicos como el agua potable sigue siendo una deuda histórica. Todo esto afecta a familias que compraron sus terrenos, construyeron sus casas con esfuerzo, pagan sus impuestos y cumplen la ley sin excepciones.

“Da rabia, porque uno hace todo como corresponde y aun así nadie nos escucha”, señala don Juan, vecino del sector. “Aquí no pedimos regalos, pedimos lo mínimo para vivir con seguridad”, agrega la señora Isabel, quien asegura que en invierno transitar por la avenida es un riesgo constante para adultos mayores y niños.

La comparación es inevitable y dolorosa. ¿Cómo se explica que en una toma irregular haya luz, agua y calles iluminadas, mientras que en un barrio legalizado y habitado por años no exista lo más básico? ¿Qué mensaje están entregando las autoridades cuando pareciera que cumplir la ley es castigado y vulnerarla es premiada?

Los vecinos no apuntan contra quienes viven en tomas, sino contra un Estado ausente, una autoridad que mira hacia el lado y una planificación que parece profundamente injusta. “Aquí no vemos alcaldes, no vemos soluciones, solo promesas”, comentan.

Esta no es solo una denuncia local. Es una señal de alerta. Porque cuando el abandono se normaliza, cuando la desigualdad se vuelve estructural y cuando la autoridad deja de responder a quienes hacen las cosas bien, se rompe algo mucho más profundo: la confianza en las instituciones.

La pregunta sigue en el aire y exige respuesta urgente:
¿Qué pasa en Hualqui? ¿Por qué hay sectores que avanzan y otros que siguen en el olvido? ¿Hasta cuándo los vecinos de avenida El Águila seguirán viviendo a oscuras?

La paciencia se agota. Y el silencio de las autoridades ya no es una opción.

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