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La jugada roja: la derecha dividida, el sueño del progresismo

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Por Salvador Maldonado.-

Chile vive un momento decisivo. Las calles claman por orden, las familias por seguridad, y los ciudadanos por líderes que hablen con la verdad, sin maquillaje ideológico. En este escenario crítico, los sectores de derecha tienen en sus manos una responsabilidad mayor: estar a la altura del momento histórico.

Pero mientras José Antonio Kast refuerza con fuerza su mensaje de convicción, Evelyn Matthei se proyecta con su experiencia, y Johannes Kaiser enciende a las bases con su discurso frontal, un fantasma amenaza con fracturar lo que debiera ser una alianza inquebrantable: la división interna.

Y esa división, no es casual.

Es una jugada de los rojos. Una trampa. Una estrategia fríamente calculada por la izquierda para debilitarnos desde dentro. Dividirnos es su victoria anticipada. Sembrar desconfianza, alimentar egos, instalar dudas entre nuestros propios liderazgos: ese es su verdadero plan.

El progresismo no descansa. Se apoderó del Estado como si fuera una trinchera ideológica, desarmó a las instituciones que debían protegernos, normalizó la violencia en las calles, y empobreció a millones. Mientras ellos avanzan sin complejos, nosotros no podemos darnos el lujo de pelear por candidaturas.

No es tiempo de disputas, es tiempo de lealtad patriótica.

El adversario no está en Kast, ni en Matthei, ni en Kaiser. El adversario está fuera: está en los pasillos del poder donde los “colorados” tejen pactos a espaldas del pueblo, está en los medios que los protegen y en las calles que dejaron sin ley. Ellos no se dividen. Ellos operan como bloque, por más diferencias que tengan entre ellos.

Entonces, ¿por qué seguimos dándonos gustitos personales? ¿Por qué criticarnos entre nosotros si compartimos el mismo amor por Chile y el mismo objetivo de recuperarlo?

La derecha necesita hablar con una sola voz. La ciudadanía no quiere ver más dardos cruzados, sino un frente unido que ofrezca esperanza, firmeza y dirección. Chile no resiste más cálculos individuales. Es ahora o nunca.

Y si hay alguien —de derecha o de izquierda— que no es capaz de comprender la urgencia de esta unidad, es porque simplemente le faltan palos para el puente. Porque anteponer el ego al país, el personalismo al deber, y la candidatura al proyecto nacional, es traicionar la oportunidad de reconstruir la patria.

La historia no recordará al que gritó más fuerte, sino al que supo callar para unir. No celebrará al que llegó primero, sino al que tuvo el coraje de sacrificar su ambición por un bien mayor: una nación libre, segura y de pie. ¡¡¡Adelante PATRIOTAS!!!

2 COMENTARIOS

  1. ¿Por qué apoyo a Kast y no a Jara?
    Soy una ciudadana como tantas, con familia, con trabajo, con historia en este país, tengo los ojos abiertos y el corazón puesto en lo que pasa en Chile.
    Muchas veces me han preguntado:
    ¿Por qué estás con José Antonio Kast y no con Jeannette Jara?
    Mi respuesta es simple: no quiero que Chile termine como esos países de los que miles de personas han tenido que escapar.
    Trabajo con personas extranjeras que me cuentan su historia. Personas que eran profesionales, madres, padres, jóvenes con sueños… que hoy están lejos de los suyos porque en su país el comunismo destruyó la economía, la libertad y la seguridad.
    Y lo más fuerte es escucharlos decir:
    No puedo volver, allá no hay futuro. Me lo quitaron todo.
    Yo me pregunto, ¿qué pasaría si eso ocurriera en Chile?
    Yo no podría dejar mi país, mi familia, mi esfuerzo. Muchos no podrían.
    Sería un daño colateral de un modelo político que ya sabemos cómo termina: con pobreza, represión, y división.
    No quiero eso para mi, ni para tu familia, ni para nadie.
    Por eso no apoyo a Jara ni al Partido Comunista. Porque no traen esperanza, traen riesgo.
    En cambio, Kast ofrece orden, libertad y responsabilidad.
    No dice lo que quieres oír, dice lo que hay que hacer. Y eso, hoy, es lo que más necesitamos: un presidente serio, firme y comprometido con Chile, no con ideologías fracasadas.
    No es miedo.
    Es memoria.
    Es sentido común.
    Quiero un Chile libre, donde podamos trabajar, opinar y soñar sin miedo. Por eso, apoyo a Kast.
    Yo no quiero un presidente vaivén, quiero un presidente que me represente con dignidad, y sentirme orgullosa y que represente a mi país como un verdadero presidente de la Republica. El respeto ante todo.

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