El Puente Industrial lleva menos de un mes cobrando peaje y ya se instala nuevamente en el centro de la polémica. No bastó con el descontento inicial por su implementación repentina: ahora, el Ministerio de Obras Públicas confirmó que a partir del 1 de enero de 2026 el valor subirá a $762, bajo el argumento del reajuste “establecido en la ley”. Una explicación técnica que, para miles de usuarios, suena más a excusa que a justificación.
Mientras el Gobierno asegura que el alza del 3,4% es “moderada”, muchos se preguntan qué tiene de moderado subir un cobro que ni siquiera ha logrado convencer a los conductores de usar esta ruta. Porque la verdad incómoda es una sola: el Puente Industrial sigue vacío, y el tránsito en San Pedro de la Paz continúa igual o peor.
La concesionaria, por contrato, puede aplicar el reajuste. Pero la discusión no es legal: es política. Y el golpe lo sintió de lleno el Gobierno Regional, que venía exigiendo —sin recibir respuesta del MOP— una fórmula de pago parcializado, una medida que podría haber incentivado el uso del puente y mitigado el impacto económico para los automovilistas.
Nada de eso ocurrió.
El gobernador Sergio Giacaman no escondió su molestia. Declaró abiertamente que la ministra “no entiende la región” y que la estrategia aplicada en el Puente Industrial “es errónea desde el primer día”. Y con esta alza anticipada, su crítica cobra más fuerza: ¿cómo puede subir un peaje que ni siquiera se usa?
La escena es absurda: un puente nuevo, imponente, construido para descongestionar, pero que hoy funciona como símbolo del divorcio entre Santiago y el Biobío. Un proyecto que prometía ser solución, pero terminó siendo otro ejemplo de decisiones centralistas que se aplican sin mirar lo que pasa en la calle.
Y para rematar, ahora sube su precio.
El Puente Industrial se está transformando, rápidamente, en el peaje más impopular del sur de Chile. Y si la autoridad central no corrige el rumbo, la molestia no solo seguirá creciendo: se convertirá en un problema político mayor, marcado por la sensación de que nuevamente las regiones pagan los errores de quienes nunca se quedan atrapados en un taco.












