En Hualqui, la paciencia se agotó. El emblemático puente de Barrancas Juntas, utilizado durante años como paso clave para los vecinos de la comuna, fue cerrado por decisión de su propietario, cansado de lo que califica como incumplimientos de las autoridades.
El puente se encuentra dentro de un predio privado y, según el dueño, hace cuatro años se le ofreció una compensación de 200 millones de pesos para permitir el uso público del paso. Sin embargo, ese compromiso nunca se materializó.
“Se comprometieron a pagar, pero nunca cumplieron. Si me cancelan 250 millones, lo abro de inmediato. Mientras no haya seriedad, el puente seguirá cerrado”, habría expresado el propietario, endureciendo su postura.
Un golpe para la comunidad
La clausura del puente afecta directamente a trabajadores, agricultores, estudiantes y vecinos que lo utilizaban como acceso rápido hacia distintos sectores de Hualqui. Hoy, se ven obligados a recorrer trayectos más extensos y costosos.
“Sabíamos que esto podía ocurrir porque nunca hubo voluntad real de resolverlo. Hoy somos los vecinos quienes pagamos el precio de la desidia”, señaló un dirigente local, evidenciando la molestia generalizada.
Autoridades en deuda
Hasta ahora, las autoridades municipales y regionales no han emitido una respuesta concreta ni han anunciado medidas para enfrentar el cierre. La falta de gestión mantiene a la comunidad en la incertidumbre, mientras el puente se transforma en símbolo del abandono en la infraestructura rural.
El caso del puente de Barrancas Juntas refleja con crudeza la desconexión entre promesas políticas y soluciones reales. El tiempo pasa, los costos aumentan y los vecinos siguen esperando que la palabra empeñada por quienes gobiernan se convierta en hechos.












