Por Salvador Maldonado.-
Hola amigos. No deja de sorprender cómo, después de cuatro años de gobierno, algunos aún se atreven a repetir el mismo estribillo: “Vamos a mejorar la seguridad, vamos a sacar al país adelante”.
Y uno se pregunta con legítima inquietud: ¿en qué país viven?
La franja electoral de estos días parece un eco del pasado, un disco rayado que sigue girando mientras la realidad avanza en dirección contraria. Las promesas suenan bonitas en pantalla, pero las calles, los hospitales y las escuelas cuentan otra historia.
Un país cansado, inseguro y golpeado por la desigualdad, sigue escuchando los mismos discursos con distintos tonos, como si repetir la fórmula fuera suficiente para cambiar los resultados.
No se trata de ser oposición por costumbre ni crítica por deporte. Se trata de mirar con los ojos bien abiertos y reconocer que el ciudadano común ya no se traga los slogans, porque vive en carne propia el deterioro de la seguridad, el costo de la vida y la falta de rumbo claro.
Cuatro años después, seguimos esperando las soluciones que prometieron con tanta elocuencia. Y en ese reflejo televisivo de la franja, el país entero parece preguntarse lo mismo:
¿De verdad creen que no nos damos cuenta?
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