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El Día D de las Artes Marciales: el Senado enfrenta una votación que puede cambiar 42 años de historia

Por Salvador Maldonado.- Este miércoles el Senado vivirá una jornada que miles de practicantes, instructores y escuelas de artes marciales esperan desde hace décadas. La Sala deberá pronunciarse sobre el proyecto que deroga la...

Por Diario BioBio
El Día D de las Artes Marciales: el Senado enfrenta una votación que puede cambiar 42 años de historia

Por Salvador Maldonado.-

Este miércoles el Senado vivirá una jornada que miles de practicantes, instructores y escuelas de artes marciales esperan desde hace décadas. La Sala deberá pronunciarse sobre el proyecto que deroga la Ley N.º 18.356, normativa promulgada en 1984 durante el régimen militar y que hasta hoy mantiene a numerosas disciplinas bajo un sistema de control y fiscalización dependiente de organismos ligados a la Defensa Nacional.

Para muchos, la votación representa mucho más que una modificación legal. Se trata de poner fin a una regulación que consideran obsoleta y que ha frenado el desarrollo de diversas disciplinas marciales en Chile durante más de cuatro décadas. Para otros, especialmente algunos sectores vinculados a la fiscalización actual, la derogación podría generar vacíos de control que deberán ser resueltos mediante una nueva normativa deportiva.

La iniciativa ya superó una etapa clave cuando fue aprobada en forma unánime por la Comisión de Cultura, Patrimonio, Artes, Deportes y Recreación del Senado, pasando posteriormente a la Sala para su votación definitiva.

Una ley nacida en otro Chile

La Ley 18.356 fue creada en una época marcada por las preocupaciones de seguridad nacional. Bajo su lógica, las artes marciales eran consideradas actividades que requerían autorización, supervisión y registros especiales debido al potencial uso de técnicas de combate. La fiscalización quedó en manos de la Dirección General de Movilización Nacional (DGMN).

Con el paso de los años, algunas disciplinas como el karate, judo, taekwondo, lucha y kendo fueron excluidas de ese régimen especial y pasaron a ser reguladas por la Ley del Deporte. Sin embargo, otras como kung fu, aikido, hapkido, krav maga, jujitsu, sambo, savate y diversas escuelas tradicionales continuaron sometidas a las exigencias de la normativa militarizada.

Esa diferencia es precisamente uno de los argumentos centrales de quienes impulsan la derogación: sostienen que existe una desigualdad legal entre disciplinas de características similares.

El cambio que propone el proyecto

La reforma no busca eliminar toda regulación. Por el contrario, pretende trasladar el mundo de las artes marciales al ámbito deportivo, incorporando expresamente el concepto de artes marciales dentro de la Ley del Deporte y estableciendo que todas las disciplinas sean tratadas bajo un mismo marco jurídico.

De aprobarse, las escuelas y organizaciones podrían acceder en igualdad de condiciones a programas de fomento deportivo, fondos estatales y estructuras federativas reconocidas por el sistema nacional del deporte. Además, se contempla un período de transición de seis meses para adecuar la nueva institucionalidad.

Los argumentos de los detractores

No todos ven con buenos ojos la derogación. Desde la Dirección General de Movilización Nacional se ha planteado que muchas disciplinas continúan utilizando implementos especiales y enseñando técnicas de combate que justifican algún nivel de supervisión estatal. También advierten que la normativa actual permite mantener registros y trazabilidad de establecimientos e implementos utilizados en la práctica marcial.

Sus representantes sostienen que una reforma profunda podría ser preferible a una derogación completa, argumentando que ambas legislaciones podrían coexistir.

Una decisión con impacto nacional

Más allá de las diferencias, existe consenso en que la votación marcará un antes y un después para las artes marciales chilenas. Miles de deportistas observan con atención una decisión que podría redefinir el futuro de academias, instructores y federaciones en todo el país.

Para muchos maestros que han esperado años por este momento, el miércoles no será una votación cualquiera. Será la posibilidad de cerrar definitivamente un capítulo iniciado en 1984 y abrir otro donde las artes marciales sean reconocidas plenamente como parte del deporte nacional. Para sus detractores, en cambio, será la prueba de si Chile puede modernizar la regulación sin renunciar a los mecanismos de control que consideran necesarios.

Sea cual sea el resultado, el Senado tendrá en sus manos una de las decisiones más relevantes para el mundo marcial chileno de las últimas décadas.

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