“Hasta la última puerta quemada”: el catastro que busca no dejar a nadie atrás en el Biobío
El fuego avanzó sin pedir permiso y, cuando se retiró, dejó un silencio pesado, casas reducidas a cenizas y familias mirando el suelo donde antes estaba su vida. Hoy, en el Biobío, la emergencia...
El fuego avanzó sin pedir permiso y, cuando se retiró, dejó un silencio pesado, casas reducidas a cenizas y familias mirando el suelo donde antes estaba su vida. Hoy, en el Biobío, la emergencia ya no se mide solo en hectáreas quemadas, sino en puertas golpeadas una a una por equipos que buscan responder una pregunta clave: ¿quedó alguien sin ayuda?
Según informó el Gobierno, 3.134 Fichas Básicas de Emergencia (FIBE) ya han sido aplicadas en la región tras los incendios forestales, un trabajo que, aseguran, no se detendrá “hasta identificar a la última familia afectada”. La subsecretaria de Servicios Sociales, Francisca Gallegos, fue clara: aunque los operativos masivos ya ingresaron a todos los barrios damnificados, el despliegue continuará durante los próximos días, revisando caso a caso.
Las cifras muestran la magnitud del impacto. Penco concentra la mayor cantidad de fichas aplicadas, con 2.239, seguida por Tomé (523), Concepción (324) y Florida (21). Pero detrás de cada número hay una historia distinta: adultos mayores que lo perdieron todo, familias que escaparon con lo puesto, niños que preguntan cuándo volverán a su casa.
Uno de los focos del trabajo actual es el sector Ríos de Chile, donde se realiza un operativo especial para levantar información en un conjunto habitacional que podría alcanzar hasta 720 viviendas. “Esto nos permitirá tener una mirada más amplia del daño real”, explicó Gallegos, subrayando que el objetivo no es cerrar estadísticas, sino abrir caminos de ayuda.
La autoridad detalló que, tras los primeros catastros, los equipos están repasando barrio por barrio en sectores como Gabriela Mistral, Villa San Carlos, Villa Italia, Vipla, Geo Chile y Cerro Rahue, precisamente para encontrar a quienes, por distintas razones, no fueron catastrados en una primera pasada.
Para quienes aún no han recibido la FIBE, el llamado es concreto: en Penco se habilitaron puntos de contacto en la plaza de Lirquén y en la plaza de Penco, donde las familias pueden acercarse, aclarar dudas y solicitar el catastro. “Vamos a seguir identificándolas”, insistió la subsecretaria.
Pero la ayuda no termina en la FIBE. Paralelamente, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) aplica la llamada Ficha 2, destinada a evaluar el daño estructural de las viviendas que quedaron en pie parcialmente. Muros que resisten a simple vista, pero que podrían esconder un daño invisible. Hasta ahora, 1.994 fichas de este tipo ya han sido aplicadas, un avance que permitirá definir los pasos para la reconstrucción.
“Son dos instrumentos distintos, pero complementarios”, explicó Gallegos. Uno mide la situación de las familias; el otro, la condición real de las casas. Juntos, permitirán cruzar información entre el Gobierno y los municipios para dimensionar con mayor precisión el impacto de la tragedia.
Mientras el humo se disipa, el desafío es otro: no dejar a nadie fuera del mapa de la ayuda. En el Biobío, hoy, la emergencia se enfrenta caminando, tocando puertas y escuchando relatos. Porque después del incendio, la reconstrucción comienza con algo esencial: ser vistos.
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