Del baile al silencio: el ocaso del poder de Maduro
Durante años, Nicolás Maduro se mostró desafiante. Bailaba en actos públicos, ironizaba contra Estados Unidos y se permitía provocar directamente a Donald Trump, convencido de que su poder era inexpugnable y de que la...
Durante años, Nicolás Maduro se mostró desafiante. Bailaba en actos públicos, ironizaba contra Estados Unidos y se permitía provocar directamente a Donald Trump, convencido de que su poder era inexpugnable y de que la impunidad lo acompañaría para siempre. Desde Caracas, con música y discursos grandilocuentes, parecía intocable.
Pero el escenario cambió de forma abrupta.
Hoy, el hombre que se burlaba del “imperio” aparece, según versiones que circulan con fuerza en el ámbito político internacional, detenido en Estados Unidos, lejos de los escenarios y de las cámaras que antes lo celebraban. El contraste es brutal: del baile al encierro, del micrófono al interrogatorio, del grito al silencio.
Maduro gobernó Venezuela con un estilo que mezcló propaganda, represión y provocación constante. Mientras el país se empobrecía, millones de venezolanos huían y la crisis humanitaria se profundizaba, el discurso oficial insistía en culpar a enemigos externos, especialmente a Washington y a Trump, a quien atacó con especial dureza en más de una ocasión.
Hoy, la historia parece darle un giro irónico. El mismo que desafiaba ahora tendría que responder, y como suele decirse en estos casos, “el que ríe último, ríe mejor”. En los pasillos del poder internacional se comenta que Maduro “cantará”, no por gusto, sino porque cuando el poder se acaba, también se acaban las lealtades y el silencio deja de ser una opción.
Pero la caída del líder abre otra interrogante clave, especialmente en Chile:
¿qué pasará con los llamados “soldados de Maduro” que operaron, defendieron o replicaron su discurso fuera de Venezuela?
En territorio chileno, no son pocos los personajes que durante años justificaron al régimen, minimizaron las violaciones a los derechos humanos o actuaron como voceros ideológicos del chavismo. Hoy, con el jefe en desgracia, muchos de ellos guardan silencio, otros intentan reescribir su historia y algunos simplemente desaparecen del debate público.
La pregunta es inevitable: ¿seguirán defendiendo un proyecto que se derrumba o marcarán distancia para salvar su propio futuro político y social? Cuando el poder se evapora, la fidelidad suele ser la primera víctima.
Más allá de si los procesos avanzan o no como muchos esperan, lo cierto es que la imagen del líder invulnerable se desmoronó. Para los venezolanos que sufrieron persecución, hambre y exilio, este momento representa al menos una señal: ningún poder es eterno, ningún baile dura para siempre.
La historia latinoamericana está llena de líderes que confundieron el aplauso forzado con respaldo real. Maduro parece haber llegado al punto en que la música se detiene y las cuentas pendientes comienzan a pasar factura.
Porque al final, cuando se acaba el show, lo único que queda es la verdad.
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