El absurdo chileno — Votar afuera es fácil, votar adentro es un privilegio
Chile ha llegado a un nivel de contradicción democrática que raya en lo grotesco: un ciudadano puede votar sin problemas en París, Tokio o Nueva York… pero un chileno que vive a 200 kilómetros...
Chile ha llegado a un nivel de contradicción democrática que raya en lo grotesco: un ciudadano puede votar sin problemas en París, Tokio o Nueva York… pero un chileno que vive a 200 kilómetros de su comuna simplemente queda fuera del proceso electoral.
Un despropósito que, por alguna razón, nadie se atreve a corregir.
El Estado habla de participación, acceso universal y modernización. Pero a la hora de la verdad, mantiene un sistema electoral rígido, centralista y desigual, donde la distancia y el bolsillo determinan quién puede ejercer su derecho a voto.
El voto exterior fluye; el voto interior se tranca
Que los chilenos en el extranjero puedan sufragar es un avance democrático indiscutible. Sin embargo, dentro del país, la realidad es otra: trabajadores, profesionales, estudiantes y familias que se desplazan cientos de kilómetros por razones económicas o laborales quedan amarrados a un domicilio electoral que ya no refleja su vida real.
Y si están lejos…
el sistema simplemente los abandona.
La sospecha que nadie quiere tocar
Aquí surge un punto incómodo, pero necesario de mencionar:
muchos de quienes votan desde el extranjero tienen una clara inclinación hacia la izquierda, mientras que una parte importante de los chilenos que se encuentran a más de 200 kilómetros de su mesa dentro del país —profesionales, trabajadores, gente de faenas y del mundo productivo— tienden a identificarse más con posiciones de derecha o de centro-derecha.
No es un secreto. No es nuevo.
Y la pregunta cae por su propio peso:
¿Cómo es posible que el Estado facilite el voto para un grupo y deje trabado el acceso para el otro?
Quizá sea sólo una “coincidencia”.
Pero en política, cuando las coincidencias siempre favorecen al mismo sector, dejan de ser coincidencias.
Sospechosa esta democracia.
Una solución simple que el Estado insiste en ignorar
La respuesta está a la vista:
habilitar un sistema de votación especial para quienes se encuentren a más de 200 kilómetros de su local de votación, con registro previo y validación, tal como funciona para los chilenos en el extranjero.
La tecnología existe.
La experiencia existe.
La necesidad es evidente.
Lo único que falta es voluntad.
La democracia debe servir a todos, no sólo a algunos
El derecho a voto no puede depender de la suerte de vivir cerca de una mesa.
Tampoco puede depender —directa o indirectamente— de la conveniencia política de un gobierno o de un sector.
Si Chile es capaz de organizar elecciones impecables en 65 consulados repartidos por el mundo, también puede garantizar que un chileno que trabaja en faenas, vive en zonas rurales, o simplemente está lejos de su comuna, pueda votar sin obstáculos.
Mientras eso no ocurra, la democracia chilena seguirá siendo un sistema donde votar afuera es fácil… y votar adentro es un privilegio que curiosamente afecta más a un sector que a otro.
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