Inicio Crónicas Cuando el fuego se apaga, comienza la verdadera emergencia

Cuando el fuego se apaga, comienza la verdadera emergencia

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El humo ya no cubre el cielo de Penco ni de Lirquén, pero el incendio sigue vivo en otro lugar: en la incertidumbre de quienes lo perdieron todo.

Las llamas se retiraron dejando cenizas, escombros y silencios. Donde antes había hogares, hoy hay terrenos vacíos que todavía guardan el eco de las risas, el aroma del pan recién hecho y el calor de la vida cotidiana. Pero el calendario avanza sin contemplaciones. El próximo 18 de febrero expira el Estado de Excepción Constitucional por Catástrofe, y con él, también podría extinguirse el frágil escudo de protección que hoy sostiene a miles de familias.

El alcalde de Penco, Rodrigo Vera, lo sabe. Y por eso su voz no es solo la de una autoridad, sino la de una comunidad herida que se niega a quedar en el abandono.

“Nosotros hacemos un llamado al Presidente de la República a que lo firme y lo pueda actualizar hasta el 18 de marzo”, expresó, con la urgencia de quien comprende que el tiempo político no siempre coincide con el tiempo del dolor humano.

No se trata solo de un decreto. Se trata de seguridad, de presencia, de dignidad. En sectores donde el fuego arrasó sin pedir permiso, la presencia militar y el toque de queda han sido más que medidas administrativas: han sido una señal de que el Estado aún está ahí, vigilante, acompañando. Su retirada prematura podría abrir un vacío que nadie quiere enfrentar.

Pero el problema más profundo no es la seguridad. Es el invierno que se aproxima como una amenaza silenciosa.

Más de 1.250 familias siguen sin un techo definitivo. Más de mil historias suspendidas en la intemperie, esperando una respuesta que no puede esperar. El frío no pregunta por decretos ni por trámites. Llega igual, implacable, y golpea con más fuerza a quienes ya lo han perdido todo.

En medio de esa espera, las voces de los vecinos resuenan con una mezcla de esperanza y cansancio. Alexandra Acuña, presidenta de la Junta de Vecinos Ríos de Chile, habla desde el corazón de quienes viven la emergencia cada día, no desde una oficina, sino desde la realidad.

Necesitan certezas. Necesitan saber que los bonos continuarán, que el apoyo no desaparecerá de un día para otro, que no serán olvidados cuando las noticias cambien de página.

Porque eso es lo que más temen las comunidades después de una catástrofe: el olvido.

Mientras tanto, desde el Gobierno Regional se reconoce que la decisión está en manos del Presidente Gabriel Boric. Las conversaciones avanzan, los antecedentes están sobre la mesa y las próximas horas serán decisivas.

Pero más allá de la firma o del decreto, lo que está en juego es algo más profundo: la confianza de un pueblo que aún cree que el Estado no los dejará solos.

Porque el fuego puede extinguirse en los cerros, pero sus consecuencias siguen ardiendo en la vida de las personas.

Y hay incendios que no se apagan con agua, sino con presencia, con compromiso y, sobre todo, con memoria.

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