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Lirquén en vilo: la demolición que divide a Penco y enciende la reconstrucción

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Entre cenizas aún tibias y recuerdos que se resisten a desaparecer, el conjunto habitacional Ríos de Chile, en Lirquén, vuelve al centro del debate. Esta vez no por el fuego que lo arrasó hace casi un mes, sino por la firma de un decreto que ordena su demolición total. La medida, impulsada por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, abrió una nueva herida en una comunidad que todavía intenta ponerse de pie.

La reacción del alcalde de Penco, Rodrigo Vera, fue inmediata y frontal. Habló de “molestia y rabia”, cuestionando la necesidad de derribar los cimientos que quedaron en pie tras los incendios forestales. A su juicio, la decisión no solo sería precipitada, sino también innecesaria en esta etapa. “No es necesaria hoy día la demolición”, insistió, invitando al ministerio a revisar antecedentes como el informe de Contraloría emitido tras la tragedia en Viña del Mar.

Pero el punto más sensible no está en los papeles, sino en las personas. Según el jefe comunal, 789 familias siguen sin una solución habitacional definitiva. Algunas incluso permanecen en el sector afectado. “¿Cómo se aprueba un decreto de demolición cuando no tienen dónde vivir?”, cuestionó, subrayando que la determinación fue adoptada —según afirma— sin coordinación previa con la municipalidad ni con las dirigencias vecinales.

Desde el Gobierno, sin embargo, la mirada es distinta. El ministro de Vivienda, Carlos Montes, firmó el decreto que permitirá destinar recursos para remover escombros y estructuras remanentes. Para el Ejecutivo, este paso es indispensable si se quiere iniciar una reconstrucción bajo nuevos estándares urbanos y habitacionales.

La seremi de Vivienda en la región, Claudia Toledo, defendió la medida calificándola como “no solo inevitable, sino también necesaria”. Explicó que la demolición forma parte de un plan más amplio que busca levantar el sector con criterios actualizados del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, incorporando mejor equipamiento, espacios públicos renovados y una planificación acorde a las exigencias actuales.

Según la autoridad regional, la resolución no se limita al derrumbe de estructuras: es el primer paso de un proceso mayor que incluye coordinación con Desarrollo Social y futuras instancias de diálogo con los vecinos para explicar alcances y apoyos.

Mientras tanto, en Lirquén el debate no es técnico, sino emocional. Para muchos, la villa no son solo muros dañados, sino historias truncadas por el fuego. La demolición, para algunos, simboliza el cierre definitivo de una etapa; para otros, es la condición necesaria para comenzar de nuevo.

Entre la urgencia de reconstruir y el temor de perder lo poco que queda, Ríos de Chile se convierte en el epicentro de una tensión más profunda: cómo equilibrar la planificación estatal con la sensibilidad social. Porque cuando el polvo se asiente, no solo se medirá la calidad de las nuevas viviendas, sino también la capacidad de escuchar a quienes lo perdieron todo.

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